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La gravedad de la enfermedad varía en función de la cantidad y la frecuencia de los hurtos. A veces sólo se efectúan robos puntuales, pero para que se diagnostique el trastorno los hurtos se deben producir en un periodo determinado y varias veces, comenta Palacio. “En seis meses tiene que haber varios hurtos para que haya un diagnóstico”, apunta la psicóloga.

Collado señala que, a diferencia del resto de trastornos de impulso, se da en un mayor número de mujeres, con una proporción de 3 a 1 superior en ellas que en ellos.

Cómo se trata

El primer e irrenunciable paso consiste en tomar conciencia de la enfermedad. Según Palacio, “se puede salir de la cleptomanía y superarla, a veces, con ayuda de medicación para controlar la ansiedad”.

Con el fin de reducir los hurtos, conviene evitar los estímulos que inciten al robo, sostiene Collado. “Se suele utilizar una terapia psicológica conductual, de control de estímulos. Por ejemplo, si la persona lleva un bolso enorme, que lleve uno más pequeño. Cambiar el recorrido habitual, ir acompañada…”, señala la psicóloga, quien afirma que si hay mejoría se empieza a prescindir de esas cautelas.

Otra terapia que utilizan los expertos es la de la imaginación: procurar que los afectados visualicen que los pillan robando y la vergüenza que supone lo que piensen sus familiares o amigos.

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